Diana Wang nació en Polonia en 1945, hija de sobrevivientes judíos. Llegó con sus padres a la Argentina en 1947. Para poder ingresar al país debieron declarar que eran católicos. El peligro parecía no haber terminado; su familia, igual que otras familias de sobrevivientes, se mantuvo por ello, alejada de la vida comunitaria judía local. El atentado a la sede de la AMIA cambió todo: la amenaza de destrucción volvía a la vida, no podía seguir al margen.

Psicóloga de profesión, especialista en terapia familiar, comenzó a interesarse en la historia de la sobreviviencia de sus padres durante la shoá. Descubrió en esa búsqueda a otros hijos de sobrevivientes que se hacían preguntas similares, que buscaba explicaciones, intentaban comprender. Formó parte del grupo de segunda generación de la Fundación Memoria del Holocausto, viajó a Polonia y Ucrania, colaboró con la Shoah Foundation creada por Spielberg, asistió a encuentros internacionales y a un seminario en Iad Vashem.

Tiene dos hijos, la tercera generación. Y ya un nieto en camino, la cuarta generación.

La vida pudo más.